El hombre, desde el inicio de los tiempos, asoció su destino a las estrellas. Por lo tanto, la astrología es la herencia de un conoci¬miento profundo y dilatado en el tiempo. Los antiguos pensaban acertadamente, con sentido común, por¬que su principal fuente de conocimientos fue la observación directa y lógica de los hechos. Los ciclos de tiempo derivan de la observa¬ción de las estaciones del año y sus efectos. Los astros tienen, en ese sentido, el valor de ser puntos de referencia simbólica. Hay en la observación apasionada de las estrellas más connotaciones espi¬rituales que prácticas. Tienen que ser otras, entonces, las razones que obligaron al hombre, hace milenios, a ligar su destino a las estrellas: razones inconscientes, intuitivas, ajenas a lo racional.