Desde pequeño he tenido que oír montón de veces los mismos comentarios: "Eres un gandul", "Lo has hecho a propósito", "¿Quieres estarte quieto?, "Siempre igual, ¿es que no vas a aprender nunca?". Nada más empezar el curso, ya tenía una de aquellas estupendas notas en la agenda donde mis profesores anunciaban que de seguir así, me iba de cabeza al suspenso. Mis padres me daban por perdido hasta que acudieron a un especialista que me diagnosticó un Trastorno por Déficit de Atención.
El TDAH es un trastorno que altera el ritmo de funcionamiento de los neurotransmisores afectando a la capacidad de una persona de regular su actividad motora, controlar sus impulsos i fijar la atención. Hay diversos síntomas muy característicos que pueden permitir que lo detectemos:
Hiperactividad o impulsividad: hablan mucho y rápido, no controlan el paso del tiempo y siempre andan haciendo las cosas a última hora, olvidan las normas o las contestan, son muy nerviosos y necesitan moverse, actúan a menudo de forma impulsiva y tienen repentinos cambios de humor.
Falta de atención: tienen dificultad para distinguir lo importante de lo no importante, para mantener la atención en clase, son muy aficionados a pasarlo bien, son despistados y fácilmente se distraen de la acción que les ocupa.
Una vez el trastorno ha sido identificado, debemos tomar conciencia del problema y hacerle tomar a nuestro hijo conciencia de él también. Nuestro papel será fundamental y deberemos prestarle todo nuestro apoyo para que el trastorno tenga las menos consecuencias posibles en en todos los ámbitos: académico, social y familiar. .