Muchas veces habéis pensado que vuestro hijo es demasiado inquieto para su edad, es desobediente, nunca os escucha, no se entera de lo que le decís, no permanece quieto ni un segundo y siempre está cambiando de actividad sin terminar lo que empieza. Además, en el colegio sus profesores os han confirmado el mismo malestar con el añadido de su dificultad para relacionarse con sus compañeros y, tal vez, un retraso escolar con respecto a los otros niños.
La hiperactividad o Déficit de Atención con Hiperactividad es un trastorno que se caracteriza por tres rasgos: la impulsividad, la hiperactividad (excesivo movimiento corporal) y la falta de atención o dificultad para mantener la concentración.
Las causas pueden ser muy variadas: neurológicas, genéticas o ambientales.
Existen dos clases de terapias: psicopedagógica y médica, que son complementarias entre sí. La medicación ayuda a reducir la excesiva agitación motriz. La terapia psicopedagógica se centra en la modificación de la conducta y en la enseñanza de estrategias que le permitan al niño controlar su impulsividad y mejorar su actuación.
El principal problema de la hiperactividad no son sus síntomas sino lo que estos provocan. Las consecuencias más comunes son: problemas de aprendizaje, problemas de disciplina, deficiente ejecución de las tareas, dificultades para relacionarse con otros niños y problemas afectivos y emocionales.
La solución está en vuestras manos, a través de una actitud y una forma de actuar adecuadas:
Estableced unas normas claras.
Ofreced a vuestro hijo información sobre sus conductas (feedback).