La historia del cristianismo recoge relatos de personas que tuvieron experiencias místicas y llevaron en sus manos y pies las heridas de los clavos que padeció Cristo en la crucifixión; en la espalda, mostraban las huellas del flagelamiento, y en las sienes, las heridas producidas por la corona de espinas. Esas señales, llagas y heridas sangrantes, se denominan estigmas visibles. Según los relatos, otros padecieron sólo los sufrimientos sin mostrar ninguna señal externa.