Directora de la Primera Escuela Argentina de Natación para Bebés
Si el aprendizaje se entiende como un ?continuo?...tiene sentido hablar
de los bebés nadadores.
La difusión no científica acerca de la actividad de los bebés en el agua
ha impulsado un frondoso cuerpo de creencias si no totalmente erróneas,
al menos confusas. La televisión y la prensa gráfica sobre todo, han
generado una cantidad importante de noticias sobre "los bebés
nadadores", "los bebés delfín", "los bebés anfibios", "los bebés de la
era de Acuario", "los bebés nacidos bajo el agua", "los bebés nadan
antes de caminar", "los bebés acuanautas", etc. Puede generalizarse que
novedades al respecto han aparecido en todo el mundo. En todos los
idiomas hemos leído, visto y escuchado acerca de proezas extraordinarias
y encantadores protagonistas. Mucho más arduo ha sido llegar hasta los
fundamentos, conocer sobre los métodos y participar o presenciar las
experiencias que el ardor periodístico trataba entusiasta y
superficialmente. El gran público no ha logrado establecer diferencias
entre "los bebés nadadores" y tanto menos entre los métodos. Sin
embargo, una red de prejuicios ha sido tejida a partir de aquella
información, mezclada e incompleta. En las páginas que siguen intentaré
reubicar en la conceptualización que considero correcta algunas
expresiones frecuentes. Un párrafo aparte merece la confusión menos
aceptable en referencia a la prohibición pediátrica de sumergir a los
niños menores de cuatro años, cuando se habla en general, desconociendo
la procedencia de tal prohibición, que existió para los EE.UU. y fue
dispuesta por la Academia Americana de Pediatría, en 1986. La continuada
acción de distintas escuelas en el mundo ha logrado clarificar algunos
aspectos, pero la vigencia de metodologías extremadamente diferentes
añadió también confusión. Algunas de estas cuestiones de apariencia
trivial y denso contenido latente son las que mencionaré.
1) "Los bebés no pueden aprender a nadar porque son demasiado
pequeños."
Persiste la ignorancia respecto de la potencialidad de aprendizaje del
ser humano en las primeras etapas de su vida. Recordamos la expresión de
Amold Gesell: "El recién nacido es un viejo sabio al nacer". La herencia
filogenética hace sentir su impronta desde la primera actividad vital
fuera del paraíso uterino. A partir de entonces, las propuestas
naturales del medio ambiente y la interacción con los otros seres y los
objetos irán prestando la articulación necesaria para el extraordinario
desenvolvimiento que el ser humano realiza durante los cinco primeros
años de su vida. Sin contar siquiera con experiencias organizadas
sistemáticamente, la adquisición de las posturas típicas de la especie y
de las habilidades que integren la psicomotricidad de base es un logro
de magnitud que contradice la prejuiciosa opinión que caracteriza al
bebé como un ser débil, incapaz y dependiente, más allá de las reales
pautas evolutivas.
El bebé humano ha demostrado la superlativa cualidad de resistencia a
pesar de la hostilidad del medio ambiente, y la calidad del esfuerzo de
supervivencia de los lactantes agredidos por el medio no deja de llamar
la atención científica, y la medicina misma concluye por aceptar que no
es otra cosa que la expresión de la "fuerza de la vida".
La confianza en la inteligencia de los pequeños es decisiva para formar
opinión sobre esta importante cuestión. Si se considera, como nosotros
lo hacemos, que los bebés son capaces desde el principio de aprender de
los datos que les brindan su percepción y propioceptividad, a la vez que
decodifican crecientemente los símbolos lingüísticos, se entenderá por
qué son innecesarias las inmersiones repetidas, las clases diarias o
prolongadas y al cabo la estimulación prolongada.
El niño llegará a desenvolverse en el agua a partir del dominio
respiratorio básico.
Experiencias graduadas y oportunas, facilitadas siempre por medio del
juego, dotarán a los pequeños de ese control que es la llave que abre la
puerta para el resto de las habilidades acuáticas.
2) "Los infantes no pueden aprender la técnica respiratoria y de
los movimientos."
Durante los primeros meses de vida, y a través del aprendizaje, los
infantes aprenderán a metabolizar útilmente la valiosa información que
recibe su cuerpecito inmerso en el agua. La experiencia ajustará sus
movimientos más eficaces y hará dejar de lado aquellos que no convienen
a los objetivos que determinan su traslación.
La conducta respiratoria es rápidamente asimilada por los más pequeños,
con independencia de la conservación del "reflejo de glotis".
Sólo tres inmersiones instantáneas en cada clase, a un ritmo de dos
oportunidades semanales, son necesarias para que el niño incorpore el
control adaptativo de los respectivos cambios agua-aire.
En nuestra metodología nada interesa tanto como no apurarse mientras se
busca este logro. Esto es importante, por ser la primera conquista que
se afirmará, adaptándose a nuevas piscinas, profundidades, distancias y
duraciones. El niño que domina el control del aire respirado (su
entrada, su expulsión) jugará en el agua cada vez más libremente. La
variación en los juegos le demostrará que su capacidad aumenta y su
interés por las propuestas e indicaciones técnicas será paralelo al
placer que le despierta el probarse a sí mismo. Referirse a lo técnico
en la edad temprana no debe confundir. Hablamos de técnica cuando
explicamos a un bebé de pocos meses que iremos bajo el agua con un ritmo
de movimiento determinado. También cuando le pedimos que baje su cabeza
o comience la inmersión hundiendo su nariz.
Es técnica la indicación que marca una elevación de brazos al zambullir
o la de colocar los dedos de los pies en el borde de la piscina. Y es
técnica toda realización que se acerque a la mejor forma humana de las
realizaciones acuodinámicas. La biomecánica no debe ser "antinatural".
El bebé, -como los niños pequeños en general-, es detallista. Le
interesa la aclaración mínima y repara en diferencias y similitudes que
el adulto pasa por alto. Allí comienza el aprendizaje de la técnica, es
decir, de lo útil. Al cabo de lo eficaz.
Ahondando en el estudio se descubre que hay razones evolutivas que nos
hacen comprender y esperar conductas de este tipo. El niño posee la
capacidad de captar el fenómeno en parcialidades significativas para él
y en eso se parece al adulto analítico que destaca los puntos
fundamentales.
3) "Los bebés aprenden pero se olvidan?.
Esta suele ser una afirmación tan rotunda como equivocada, al menos en
referencia a nuestras pautas metodológicas que se apoyan en el
aprendizaje superior.
Es posible que aquellos sistemas cuyos métodos propician la ejercitación
de conductas condicionadas pierdan rápidamente los éxitos iniciales (la
flotación, algunos movimientos) al imponerse la ley fisiológica, que
desactiva la conducta refleja si no es constantemente realimentada. No
es nuestro caso. Los bebés son capaces de recordar todo aquello que es
psicológicamente significativo. Son capaces, también, de integrar sus
acciones a patrones de movimiento cada vez más complejos, en la medida
de que sus conductas responden a aprendizajes molares o totalizadores.
No se trata de una vana afirmación. Desde 1960 hemos realizado
centenares de comprobaciones como seguimiento, que arrojan el resultado
incontestable de la vigencia del aprendizaje inicial en los logros
actualizados por el crecimiento y desarrollo. Es decir, el incremento en
la cantidad y calidad de lo aprendido. En cuanto a la raíz psicológica
de los recuerdos tempranos e inclusive de la vida fetal, el
psicoanálisis ortodoxo y las disciplinas de él desprendidas dan cuenta
de ello.
4) "Los niños que aprenden desde pequeños después no pueden
aprender a nadar con técnica o estilo."
Recurrimos otra vez a la contundente exposición de la experiencia. Los
bebés nadadores (y esto es una premisa metodológica en nuestra
enseñanza) responden solamente a aquellas conductas acuáticas que les
son útiles para moverse y avanzar fácilmente. Los bebés son, en
adelante, eficientes nadadores, en el sentido que la fisiología concede
a la acción eficaz, es decir, un mínimo de gasto energético para un
máximo rendimiento en el logro de la acción.
Los lineamientos de la biomecánica acuática no hacen sino descubrir los
puntos de apoyo, las palancas, los recorridos del cuerpo humano en su
totalidad y de sus segmentos para controlar las fuerzas y la resistencia
del agua.
En nuestra investigación, aquellas mecánicas que los estudios encuentran
eficaces en la definición de los estilos, concuerdan, no casualmente,
con las formas de traslación que los bebés adoptan naturalmente; así, el
eje de flotación de las distintas posiciones, la forma de zambullirse,
la brazada con doble palanca (brazo quebrado) y el batido de las piernas
en la forma de crol. La acción de nadar es, en estos niños, suelta,
armónica en el equilibrio respiratorio agua-aire.
5) "Es demasiada exigencia para un niño pequeño."
Es muy posible que esto surja del conocimiento de métodos que colocan al
niño en situaciones de riesgo y displacer en contextos de
características agresivas. Sabemos que se intentan ejercitaciones que
siguen objetivos diferentes de los nuestros y se basan en una
aproximación también distinta hacia la familia. Las pautas de evolución
generan un límite preciso para la adquisición de la habilidad
psicomotriz: es el límite que marca la capacidad interna (cuyo umbral
fisiológico depende de la maduración o "competencia") para asimilar la
estimulación del medio ambiente. Si los estímulos exceden la
"competencia", la asimilación y la posterior acomodación (aquí seguimos
la teoría de Jean Piaget) no se producen o en todo caso lo hacen
defectuosamente. Por otra parte, en las edades tempranas, el término
exigencia sólo puede ser comprendido desde la compulsión afectiva y no
encuentro la forma de hacer compatible la tarea docente y esa forma de
extorsión como recurso metodológico.
Cuando los niños son algo mayores, la exigencia puede ser vehiculizada
en los términos de premio-castigo porque el grado de socialización y
nivel intelectual lo permiten. Pero en la edad temprana no puede
hablarse de exigencia sin que esta implique, además, una reacción de
orden físico. Nuestra concepción del proceso de: enseñanza-aprendizaje,
excluye drásticamente la exigencia. Ella implica la distorsión de los
objetivos, la ausencia de respeto hacia el niño como persona y la
ignorancia de algunos aspectos teóricos fundamentales.
Las actuales teorías del aprendizaje determinan con claridad la
influencia del placer en la adquisición del logro intelectual y
psicomotriz. Un aprendizaje sin placer es, pues, poco duradero y
escasamente activo cuando posteriormente el ex alumno puede elegir entre
ejecutar la actividad o desecharla. Sin embargo, en nuestra metodología,
la adquisición de las habilidades acuáticas se concibe únicamente en un
contexto de amor y juego donde los padres aportan la compañía afectiva
indispensable e irremplazable.
Las habilidades acuáticas representan, una vez adquiridas, un incremento
en el nivel de la seguridad personal y de las reacciones positivas que
hacen a la supervivencia, pero a este resultado debe llegarse sin
quebrar los principios pedagógicos que rigen la educación física para la
primera infancia.
6) "Los bebés y los niños pequeños, ensucian las piscinas pues no
controlan los esfínteres y vomitan."
Es este un punto en extremo delicado. Los mejores equipos de filtrado de
agua no son suficientes si las afirmaciones a las que nos referimos son
verdaderas.
Sabemos por comunicación personal de otros especialistas del mundo y por
sus escritos que los pequeños se descontrolan y, por lo mismo, se
convierten en concurrentes indeseables en las piletas o son obligados a
vestir mallas de baño con elástico con la finalidad de que no ensucien
el agua. En cuanto a los vómitos, estos surgen después de accesos de
llanto o gritos prolongados.
Nuestra hipótesis se dirige a considerar que tanto la defecación como
los vómitos y llantos son respuestas fisiológicas que expresan desde la
disconformidad hasta el rechazo contundente.
Una vez más debo referirme a la vertiente psico-afectiva, y una vez más
debo insistir en las bases de la metodología que se emplea para iniciar
al niño en la actividad acuática. Consideramos un error metodológico
grave el separar a los niños de sus padres durante las clases, poseer
una visión parcializada de los objetivos, ignorar la totalidad humana y
privilegiar el logro físico como finalidad, desmereciendo
simultáneamente los pasos intermedios dictados como propuestas. No me
sorprende que las fallas pedagógicas en la enseñanza precoz generen
reacciones orgánicas claras, porque el niño pequeño tiene, aún, la
libertad y la espontaneidad no socializadas que le posibilitan el
exponer brutalmente la muestra de haber sido agredido. Los bebés son
capaces de controlar esfínteres en el agua, quizá porque diferencian
perceptualmente el medio acuático del aéreo o tal vez porque, como
opinan los pediatras, no tienen aún la fuerza para desalojar los
contenidos contra la presión del agua. Los niños capaces de controlar
fuera del agua pueden, en cambio, orinar en ella, por lo que se les
deberá enseñar a no hacerlo. Nuestra experiencia nos permite asegurar
que los niños que han practicado la matronatación controlan sus
esfínteres en forma espontánea, sin mediar la tradicional educación de
bacinilla, muchas veces antes de lo esperado.
7) "Fuera de las condiciones óptimas del aprendizaje (compañía de
los padres, agua cálida, juguetes), en caso de accidente los niños no
emplean los recursos que conocen."
Esta es otra afirmación sin veracidad. En algunos casos dramáticos, como
lo son naufragios o caídas al agua por empuje de terceros, los bebés han
reaccionado con todos sus recursos de supervivencia, y así lo atestiguan
los relatos que nos han transferido sus padres. Estas conductas no son
ajenas a las esperables, puesto que las acciones que se ejercitan en el
instante de una emergencia en que corre peligro la vida son aquellas de
las cuales dispone el sujeto debidamente incorporadas a su "background".
Así como no puede entenderse el juego si no se dispone de los elementos,
del mismo modo nadie puede encontrar las soluciones psicomotoras para un
acto de supervivencia si carece de los patrones que intervienen en esa
nueva conducta. Si los tiene, por el contrario, los usará. Sin embargo,
estas reacciones deben ser acompañadas de pronto auxilio por parte del
adulto. Es obvio que la capacidad cardio-respiratoria del bebé pone un
límite a su capacidad de autonomía en el agua, que se amplía en los
casos en que el niño tenga algún borde o material del cual asirse
mientras espera auxilio.
8) "La búsqueda del campeón."
Los padres y profesores buscan en los bebés precoces el futuro
rendimiento de un campeón. Sostenemos rigurosamente que es la
conformación biofisiológica de un individuo lo que define su
potencialidad para el alto rendimiento. Esta es una enseñanza de las
ciencias médicas y no un postulado vulgar. No dudamos que un nadador
precoz tenga la eficiencia y la soltura necesarias que, acompañadas de
un biotipo adecuado, constituye la mejor base para un futuro campeón.
Faltan, sin duda, otros factores de semejante importancia, como lo son
la inclinación personal por el deporte y la oportunidad y calidad del
entrenamiento. Si se brindan todas estas condiciones tendríamos a la vez
un nadador temprano y un campeón. Pero en cientos y miles de
oportunidades solamente tenemos un nadador temprano y un amante del
deporte y el agua.
El niño no domina aún la actividad mental que permite captar la
totalidad y también el detalle. No puede aún analizar y sintetizar con
la fluidez que logrará con la edad. Si el aprendizaje se estima como un
continuo, tiene sentido hablar de la natación para bebés. Están en
camino los ajustes perceptibles y la lógica causal. La coherencia y
oportunidad de las explicaciones de los adultos lo ayudarán a
comprender. La confianza en la inteligencia de los pequeños es decisiva
para formar opinión sobre esta importante cuestión. La adquisición de
las nociones de tiempo y espacio se favorecen enormemente con el
ejercicio de las acciones a las que acompaña la verbalización atinada
del adulto. En gran cantidad de ocasiones se nos expresa que los niños
no comprenden aun. Es la conducta de esos mismos niños la que responde
por nosotros. Cuando hablamos al bebé explicándole, él sólo puede
mirarnos y sonreír o balbucear un poco. Cuando a continuación hace lo
que le sugerimos o logra lo que antes no podía, la incredulidad de los
demás se transforma en entusiasmo. Eso no es todo. La vida familiar se
modifica después de estas experiencias y el modo de dirigirse al pequeño
cambiará radicalmente. En efecto, la familia "comprende que los bebés
comprenden".
9) "Los bebés lloran y le toman miedo al agua."
En matronatación el aprendizaje es muy placentero para toda la familia;
los bebés no tienen nada que temer y por tanto no lloran. El juego está
presente en toda la experiencia y en la filosofía de trabajo expresada
en el lema que nos acompaña desde el inicio de la actividad: "A nadar se
aprende jugando". Sin embargo, en otros países y con otros métodos
agresivos o prácticas, los bebés, lamentablemente lloran mucho,
angustiosamente y sienten miedo.
Fue ese reclamo comunicacional el que ha encendido el deseo de redactar
este escrito.